Comenzamos la aventura

Cuando los primeros hombres sobre este globo de Tierra nos cuentan sus hazañas mediante relatos y leyendas, aquellos mismos que se calentaban bajo el Sol en el día a día y con el Fuego durante las noches heladas, se preguntaban por el misterio de la luz del Sol y las centelleantes estrellas de las noches. ¿Qué eran esos fenómenos tan llenos de luz?

Las preguntas quedaban por responder, porque no todos alcanzaban a comprender estos celestiales regalos. Algunos espíritus de estos primeros hombres, despertaron al discernimiento inteligente y de este modo en su imaginación tal vez, dibujaron a ciertos espíritus o ángeles que les ayudaban a reconocer íntimamente tales misterios, ayudados por medio de la recién nacida y joven intuición como herramientas.

Es verdad que siempre en la Humanidad, se ha dado una especie de  “escala de jerarquías” donde nos cuentan que algunos de los antiguos dioses ayudaban a los demás hombres a lograr ciertas destrezas para superar el medio que tenían delante. Aparte de la Inteligencia y la Fuerza, el conocimiento y el uso del fuego – como aliado y herramienta principal – ha constituido ser uno de los mejores dones para la civilización de la especie, sobre todo como luz en medio de las oscuras noches.

Gracias al fuego, la vida se nos hizo más liviana en el medio cuando las noches se convertían en otros tantos días debajo de las Estrellas. Estas sociedades humanas, encontraban una perfecta simbología de la propia luz de una simple hoguera, con la Luz del Inmenso Universo.

Abundan los mitos encontrados en muchas leyendas, que nos van a servir para comenzar una búsqueda de contenidos, que nos puedan servir para vislumbrar, – con la ayuda de Dios -, el Origen de la Luz Celestial.

En adelante nos adentraremos en los Mitos y Leyendas que nuestros antepasados nos han dejado y juntos escrutaremos las posibles respuestas que encontremos.

Comenzamos la aventura. ¡Pásalo bien!