3 CUMPLIMIENTO DE LAS OBLIGACIONES DE LA VIDA HUMANA

La posición de la persona que vive la vida interior se vuelve como la de un adulto viviendo entre muchos niños. Al mismo tiempo, exteriormente no parece existir tal diferencia como la que es aparente en la edad de los niños y la persona adulta, la diferencia yace en la amplitud de su perspectiva que no siempre es evidente. Quien vive la vida interior se vuelve mucho más viejo que quienes lo rodean, y sin embargo exteriormente es igual que cualquier otra persona. Por lo tanto, el hombre que ha llegado a la plenitud de la vida interior adopta una política completamente diferente a la de aquel que recién comienza a recorrer ese camino, y también diferente a la del hombre que sabe intelectualmente algo sobre la vida interior, pero que en realidad no la vive. La acción, de nuevo, es diferente en el mundo, pues este último criticará a otros que no saben lo que él cree que sabe, y los mirará con orgullo y presunción, o con desprecio, pensando que no han alcanzado el misterio, ni la altura a la que él ha llegado y que entiende. Desea desconectarse de las personas, diciendo que están atrasadas en su evolución, y que no puede ir con ellas. Dice: «Estoy más avanzado; no puedo unirme a ellos en nada; ellos son diferentes, yo soy diferente.» Se ríe de las ideas pequeñas de quienes lo rodean, y los considera seres humanos con quienes no debe asociarse, con quienes no debe participar en todo lo que hacen porque él está mucho más avanzado que ellos.

Pero para aquel que alcanza la plenitud de la vida interior es una gran alegría mezclarse con su prójimo, así como lo es para los padres jugar con sus pequeños hijos; los mejores momentos de sus vidas son cuando se sienten como un niño con sus hijos y cuando pueden unirse en el juego de los niños. Los padres que son amables y amorosos, si un niño les trae la taza de una muñeca, pretenderán que también es suya, o que están tomando el té, y que lo están disfrutando; no permiten que el niño piense que ellos son superiores, o que esto es algo en lo que no deben participar. Juegan con el niño, y son felices con él, porque la felicidad de los niños también es la suya.

Esa es la acción del hombre que vive la vida interior, y es por esta razón que está de acuerdo y se armoniza con personas de todos los grados de evolución, cualesquiera que sean sus ideas, sus pensamientos, sus creencias o su fe; en cualquier forma que adoren o muestren su entusiasmo religioso. Él no dice: “Soy mucho más avanzado que tú, y unirme a ti sería retroceder.’’ Aquél que ha avanzado tanto nunca puede retroceder, pero al unirse a ellos, los lleva consigo hacia adelante. Si continuara solo, consideraría que ha evitado su deber hacia su semejante, que debe cumplir. Es la vasija vacía la que hace ruido cuando la golpeas, pero la vasija que está llena de agua no hace ningún sonido, es silenciosa, sin palabras.

Así que los sabios viven entre todas las personas de este mundo, y no son infelices. El que ama a todos no es infeliz. con luz. Infeliz es aquel que mira con desprecio al mundo, que odia a los seres humanos y cree que es superior a ellos; el que los ama solo piensa que ellos están pasando por el mismo proceso que él ha pasado. Es desde la oscuridad de donde tiene que venir a la luz. Es solo una diferencia de momentos, y él, con gran paciencia, pasa esos momentos mientras sus semejantes todavía están en la oscuridad, sin hacerles saber que están en la oscuridad, sin dejar que lo sepan, sin mirarlos con desprecio, solo pensando que para cada alma hay infancia, hay juventud y madurez. Así que es natural que todo ser humano pase por este proceso.

He visto con mis propios ojos almas que han alcanzado la santidad y que han llegado a una gran perfección; y, sin embargo, tal alma estaría delante del ídolo de piedra con otro semejante y adoraría, sin dejarle saber que él estaba de alguna manera más avanzado que otros hombres, manteniéndose en una apariencia humilde, sin hacer ninguna pretensión de que había avanzado más en su evolución espiritual.

Cuanto más avanzan tales almas, más humildes se vuelven; cuanto mayor es el misterio que han realizado, menos hablan de él. Apenas lo creerías si te dijera que durante cuatro años de la presencia de mi Murshid apenas he tenido una o dos conversaciones sobre temas espirituales. Por lo general, la conversación era sobre cosas mundanas, como la de todos los demás; nadie percibiría que aquí había un hombre realizado en Dios, que siempre estaba absorto en Dios. Su conversación era como la conversación de cualquier otra persona, hablaba de todo lo perteneciente a este mundo, nunca sobre su conversación espiritual, ni mostraba piedad especial o espiritualidad y, sin embargo, su atmósfera, voz del alma y su presencia revelaban todo lo que estaba escondido en su corazón. Aquellos que están realizados en Dios y aquellos que han tocado la sabiduría hablan muy poco sobre el tema. Intentan discutir sobre ello, no disputar. Son aquellos que no saben quiénes disputan, no porque sepan, sino porque ellos mismos tienen dudas. Cuando hay conocimiento, hay satisfacción, no hay tendencia a disputar. Cuando uno disputa es porque hay algo que no satisface. Amigos, no hay nada en este mundo, riqueza, rango, posición, poder o aprendizaje que pueda dar tanta vanidad como la más mínima cantidad de conocimiento espiritual, y una vez que una persona tiene esa vanidad, entonces no puede dar un paso más; queda clavado en el lugar donde está, porque la misma idea de la realización espiritual está en el desapego de uno mismo. El hombre debe o bien realizarse a sí mismo como algo, o como nada. En esta realización de la nada está la espiritualidad.

Si uno tiene algún pequeño conocimiento de las leyes internas de la naturaleza, o si uno tiene alguna noción de pensar, “qué bueno soy, qué amable soy, qué generoso, qué bien educado, qué influyente, o qué atractivo,” la más mínima idea de este tipo que entre en la mente cierra las puertas que conducen al mundo espiritual. Un camino fácil de recorrer y sin embargo tan difícil. El orgullo es tan natural para un ser humano, el hombre puede negar una virtud mil veces con palabras, pero no puede evitar admitirla con sus sentimientos, porque el ego mismo es orgullo. El orgullo es el ego, el hombre no puede vivir sin él. Para alcanzar el conocimiento espiritual, para llegar a ser consciente de la vida interior, uno no necesita aprender demasiado, porque aquí debe conocer lo que ya sabe, sólo que debe descubrirlo por sí mismo. Para su comprensión del conocimiento espiritual no necesita el conocimiento de nada excepto de sí mismo. Adquiere el conocimiento del yo, que es él mismo, tan cerca y sin embargo tan lejos.

Otra cosa que muestra el amante de Dios es la misma tendencia que el amante humano. No habla de su amor con nadie. No puede hablar de ello. El hombre no puede decir cuánto ama a su amado, ninguna palabra puede expresarlo, y, además, no tiene ganas de hablar de ello con nadie. Incluso si pudiera, en presencia de su amado cerraría los labios. ¿Cómo entonces podría el amante de Dios hacer una profesión de fe, ‘¡Amo a Dios!’? El verdadero amante de Dios mantiene su amor silenciosamente escondido en su corazón, como una semilla sembrada en la tierra, y si la plántula crece, crece en sus acciones hacia sus semejantes. No puede actuar sino con bondad, no puede sentir nada más que perdón; cada movimiento que hace, todo lo que hace, habla de su amor, pero no sus labios.

Eso muestra que en la vida interior el principio más grande que uno debe observar es ser modesto, tranquilo, sin mostrar sabiduría, sin manifestar aprendizaje, sin ningún deseo de que alguien sepa hasta dónde se ha avanzado, ni siquiera dejando que uno mismo sepa hasta dónde ha llegado. La tarea por realizar es el completo olvido de uno mismo y la armonización con el prójimo; actuar de acuerdo con todos, encontrar a cada persona en su propio plano, hablar con cada uno en su propia lengua, responder a la risa de los amigos con una sonrisa y al dolor de otro con lágrimas, estar al lado de los amigos en su alegría y su tristeza, sin importar el propio grado de evolución. Si un hombre a lo largo de su vida llegara a ser como un ángel, lograría muy poco. El logro más deseable para el hombre es cumplir las obligaciones de la vida humana.


Traducido del Ingles: «La vida Interior» de Hazrat Inayat Khan


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